Wednesday, November 14, 2007

San Manuel Bueno

Engaña a la gente. Esconde quien es en realidad. De este perspectivo, parece tan malo como nuestro Don Juan. Hay una gran diferencia entre los dos, sin embargo, y esa diferencia se queda primariamente en los motivos. Don Juan (sigo teniendo el impulso de decir “Don Juan Manuel”—¡siempre!—no sé por qué) engaña a la gente, particularmente a las mujeres, por su propia ganancia, para “gozar” a las mujeres y nunca aceptar la responsabilidad de nada que hace, sin una señal de la existencia de la conciencia. San Manuel, sin embargo, sí mentira al pueblo, pero porque cree que beneficia a ellos. Es completamente el contrario de la situación de don Juan porque el engaño de San Manuel trae el sufrimiento y sacrificio de sí mismo y el beneficio de los demás. En el otro lado, don Juan no tiene ningún problema con sacrificar a los demás para el beneficio de sí mismo.

La fe

Se define en la Biblia así: “la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1, NVI). La fe, entonces, es la evidencia que hay más que lo que se ve con los ojos físicos. Pero si debo creer en algo que no se ve, ¿cómo sé en qué creer? Hay muchas cosas—no, hay muchísimas cosas—en que puedo creer: muchas religiones, muchas ideas, muchas ideas, y muchas de estas cosas se contradicen. Cada creencia no puede ser correcta—no es posible, porque si esto fuera el caso, todas las creencias se cancelarían—la una a la otra. Uno dice que hay un Dios único mientras otra persona dice que hay varios. Las dos personas no pueden estar correctas a la vez, es imposible. Regresamos, por eso, a la misma pregunta: ¿Cómo sé en qué creer? ¿Cómo decido? Pudiera hacer “eeny meeny miny mo,” pudiera simplemente continuar creyendo en lo que creen mis padres—pero si es la fe suya, no es la mía, porque no tomé la decisión yo misma. Yo creo que cada persona que sinceramente quiere saber y conocer la verdad, lo que sea o lo que sea el costo de saberla, van a encontrarla eventualmente. He decidido yo que voy a poner mi fe en Jesús y en su palabra (la Biblia) porque Jesús me mostró a sí mismo; he probado de la bondad del Señor y ahora soy adicta. No es pura fe ciega, porque sí he experimentado a Dios, he oído su voz, he sentido su toca, he conocido la libertad que trae. Para mí no es una “creencia,” sino es una relación íntima con el Dios del universo—no con la idea de Dios, sino con Dios sí mismo.

Monday, November 5, 2007

Don Juan: al infierno

Según la tradición católica, don Juan tenía que bajar al infierno. Murió en el pecado mortal, sin confesarse. Pero, si recuerdes, hemos leído unos ejemplos de algunas personas que también murieron en el pecado mortal, pero la Virgen les dio misericordia en la hora de necesidad y los salvó del infierno (Berceo). Sí, es verdad, pero ellos eran devotos—vivían vidas de confesarse, de arrepentirse y de hacer penitencia. Esto no era el caso de nuestro don Juan, sin embargo. Él vivía todo lo opuesto, así que no había otro lugar para él excepto el infierno.

#33

La solitaria y melancólica luna derramó su luz tenue en las piedras ásperas del viejo castillo. Un murciélago revoloteaba por el aire estancado y proyectó una sombra horripilante en el patio abandonado, lo cual causó que huya el gato, salvaje y flaco, a los muros antiguos del cementerio. Despacio y cautelosamente se acercaron unas nubes enormes y llena de oscuridad, advirtiendo de la tormenta que venía. De repente se oyó el grito agudo del búho sabio al morir el gato. Así empezó el camino rocoso y largo de don Juan al infierno sediento.